Salón Viña Ibérica

enero 26, 2017

II SALÓN VIÑA IBÉRICA.

15 Y 16 FEBRERO.

GRAN HOTEL – LA ONTINA ZARAGOZA

En el año 2015, en el marco de Enomaq, se celebró el I Salón de Viña Ibérica en un céntrico restaurante zaragozano. Participaron 15 bodegas y asistieron al salón cerca de 350 personas. El objetivo del Salón estuvo centrado en recordar que cada vez que se descorchaba una botella de vino, debíamos rendir homenaje a las variedades tradicionales de uva que se emplazan en un país con cerca de un millón de Hectáreas de viñedo. Estamos en un país con una enorme gama de categoría de vinos, de plena biodiversidad vitivinícola interna y externa que rodea a las viñas, pese a que hemos tardado en valorizar ese inmenso patrimonio, que se configura como uno de los más antiguos de mundo a la hora de reconocerle la veteranía de sus uvas y la diversidad cultural de sus orígenes.

Bien es cierto que la vitis vinífera y la cultura del vino entró en el mediterráneo desde Oriente, formando parte de la cultura fenicia, tartésica, íbera y celtíbera, tomando mayor esplendor en el período grecoromano. El hecho de que Roma acentuara entre sus clases dirigentes la cultura báquica, desplazó la vieja cultura melífera, con la que convivió con sus famosos mulsum. Las legiones romanas se adentraron por los ríos de esta península ibérica y propagaron la viña, considerando al vino (posca) como un alimento de primer orden. Eso aposentó el conocimiento de la viña y el vino, allá donde se situaban sus colonias como Cartago Nova, Tarraco, Cesar Augusta, Emérita Augusta y tantas otras ….

Próxima la caída del imperio romano y la aceptación de la religión cristiana por el imperio, se prosiguió el culto al vino, como viejo concepto mitológico de la renovación de la sangre, destacando la figura de San Vicente de Huesca (llamado también de Zaragoza y de Valencia), ligado a los primeros círculos cristianos de Aragón y Francia. Diácono de San Valero y coautor del nuevo sincretismo religioso, consta en Francia como patrón de los vignerons (la figura del viñerón hace mención al viticultor que cuida de su terreno, de sus uvas, que elabora con esmero su vino y lo vende).

Este año, el Salón Viña Ibérica quiere reconocer la figura del viñerón como una persona renacida de la Reforma Cisterciense en el siglo XI en Europa. En ese momento la regla Benedictina se adentra en Cluny. De Roberto de Molesmes a Bernardo de Claraval el Cister reformó las reglas monacales apostando por el trabajo físico, frente a la anterior figura cluniacense que impedía el trabajo físico en los monasterios nacidos en la Abadía de Cluny, cercana a Lyon. Fundan la primera abadía de Cister muy cerca de Dijon, en pleno corazón de la Borgoña. Con respecto al vino, buscan los mejores emplazamientos y los vallan. Es el nacimiento de los crus (crudos). Cuentan que los monjes olían las raíces de las plantas. Cuando olían a humedad deducían que el suelo no drenaba bien y excluían esa parte. Esos emplazamientos elegidos perviven hoy en día y conforman los grandes crus de Borgoña. El estudio del cultivo de la vid y la elaboración de vino de calidad procede de estos monjes. El vino pasó de ser un alimento a ser un artículo de lujo destinado a agasajar a figuras significativas del entorno político y religioso. De allí parten nuestros esfuerzos actuales. (Trabajo con uvas tradicionales, vignerons, biodinámica, levaduras, cuidado de la viña, proyectos de economía social, reconstrucción paisajística, enoturismo, etc).

Posiblemente las experiencias de Navarra, donde existen numerosos monasterios cistercienses, influyeron en este ámbito y no menos cierto es que la uva Cabernet Franc procedía de las latitudes frías de Navarra, junto a muchas otras extendidas en el solar ibérico. Posteriormente el Cister se extendería por Aragón y Cataluña a raíz de la boda de la reina Petronila con Ramón Berenguer I de Barcelona. En Navarra destacan los Monasterios de Fitero (primero monasterio de la Península), Tulebras, Irantzu, Santa María de Irache, Leyre y el de la Oliva en Carcastillo.  En Aragón destacaron los monasterios de Veruela, de Piedra, de Rueda y Santa María de Casbas. Y en Cataluña, donde existe una ruta del Cister, destacan los monasterios de Vallbona de les Monges, Poblet y Santes Creus. Esta red de monasterios también se extendería por Castilla, León, Galicia y Portugal. El Ora y Labora, abrió la historia del trabajo y de los oficios que aun se puede admirar en la casa de los útiles en Troyes.

Con todo ello queremos dejar constancia que la Reforma cisterciense permitió destacar el trabajo de los viñedos, elevar los niveles de los oficios, elaborar los grandes crudos, destacar el terroir como un conjunto de magnitudes climáticas, suelos y viñedos como base de la elaboración de los grandes vinos que surgieron con posterioridad a la Reforma cisterciense. Una Reforma que asentó además las bases de la construcción europea y por ende, de los caminos del vino (entre los cuales destaca el camino de Santiago). El Salón Viña Ibérica va a trabajar por un proyecto colaborativo de conocimiento de la historia del vino a través de las Rutas del Cister, comenzando por Navarra, Aragón y Cataluña, destacando la figura del viñeron y cuantas otras propuestas comunitarias engloben el buen hacer de cada trozo de tierra de esta vasta geografía del viñedo y el vino, que es la Península Ibérica. Es voluntad nuestra extender este conocimiento a otras zonas de la Península Ibérica, teniendo en cuenta sus propias visisitudes y trasnformaciones, a lo largo de la historia.

Ver la web de SlowFood Zaragoza.

En el curso del salón se podran degustar vinos de distintas bodegas, tempura de verduras de La Ontina, roscones de Los Mallorquines y tapas de quesos de leche cruda, , según las reglas del salón.

Las copas de vino, modelo “Cabenet Abondant” han sido cedidas para este evento por


 

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